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Vocación de líderes 0

Vocación de líderes

No puedes avanzar por los enjambres de corolas/ porque el aire disuelve sus dientes de azúcar, /ni puedes acariciar la fugaz hoja del helecho/sin sentir el asombro definitivo del marfil. Fragmento del poema magistral llamado “Cielo vivo” de Federico García Lorca. En todas las personas hay un verticilo profundo de las flores, que está colmado de pétalos. Sus colores son vigorosos y llaman a los demás a que sus vidas también irradien luces. El aire contagia la vocación que caracteriza a quienes lideran, sirven antes de ser servidos. Son útiles en todas circunstancias. Siempre hay un helecho, son históricos en la vida de la humanidad, así también siempre hay una lideresa dispuesta a plantarlos. Aquello que parece efímero se torna único y su vivencia valoriza la existencia de quienes ahí están. Así viven quienes se sienten humildemente líderes. Sirven, plantan, vivencian y sienten cada episodio con fascinación. Contundentes son sus apariciones junto a los demás, fuertes como el marfil citado por el poeta español integrante de la Generación del 27.

La construcción de sociedad nace cuando hay espíritus servidores. Cuando hay una natural predisposición a pensar qué es lo que hace falta para poder estar bien. Los líderes se preguntan esto de manera constante. Servir para ver los resultados que se quieren lograr. Al servir crece el otro y el aire, que se constituye en testigo de ese avance, circula para todos. El enjambre se potencializa y las vidas de los que están involucrados se benefician. Aquellos que sirven en su comunidad son los próceres de este tiempo. ¿Cómo sirve socialmente cada uno de nosotros? La cultura de servir al prójimo es indispensable para vivir cualquier manifestación de liderazgo. Liderazgo es servir a los demás. Liderazgo es servir al equipo que me hace parte, que me invita a que esté, que me pide protagonismo, que me cuida porque siente que mi persona es importante en ese lugar, que me enseña a comprender que me puedo equivocar pero que de las dificultades surgen cielos transparentes para ver mejor. Servir es hacer más de lo que nos proponemos vivir junto a los demás. Los líderes se preguntan qué más hacen por su país, se exigen porque así lo sienten.

Al servir se planta en el corazón. Por eso vemos a personas que con sus pasos irradian admiración, sin buscar generar esa sensación de parte del otro. Cuando lo natural surge efectos, las flores nacen con el tiempo. Así es la vida en sociedad, los niños y las niñas de nuestra tierra vivirán en las plantaciones que les dejemos. No se trata solo de plantar, hay que hacerlo en compañía de los efectos que producen las sorpresas positivas. Podemos sorprendernos de lo que hacemos, de lo que hacen quienes nos rodean. De lo que vivimos en conjunto. Somos miembros de una sociedad que nos invita a ser protagonistas. Vivimos en un mismo enjambre de corolas. El aire, los helechos y el marfil se hacen presentes. El “Cielo vivo” de García Lorca en su obra “Poeta en Nueva York”, (1929-1930), nos une más allá del tiempo, de las circunstancias y de los grandes desafíos que la humanidad vive en la actualidad.

junio 06, 2019 en La mirada de un lider
Liderazgo en sociedad 0

Liderazgo en sociedad

¿Está puesta la mirada en lo mejor de nosotros? ¿Qué marcamos con un resaltador de nuestro color preferido? Ely Chinoy, en la obra de su autoría y mundialmente conocida «La sociedad, una introducción a la sociología”, escribió: “Lo que los hombres ven, depende de lo que ellos esperan ver, de lo que buscan”. La primera edición del libro data del año 1961 y son numerosas las reimpresiones del texto citado.  

Lo que los líderes ven, está pasando, sucede, se vive y lo viven de una u otra forma cada uno de los habitantes. El hecho de no ver lo que pasa afecta al todo, dado que las consecuencias de la vida en sociedad están entrelazadas unas a otras. ¿Qué hacen quienes lideran para aceptar que hay que ver lo que sucede actualmente en cada uno de los sectores en donde desarrollan sus actividades?

El tejido social tiene un sin número de aconteceres diarios, tantos como las vidas que lo construyen cotidianamente. ¿Qué aporta cada uno de nosotros, cómo lo hace, de qué forma ayuda a que el presente sea fructífero? ¿Qué prioridades hacemos posible, logramos que sucedan, que penetren en nuestras vidas y se transformen en hábitos impregnados de evolución personal e influyentes para el contexto que nos rodea?

¿Qué es lo que los líderes esperan ver? ¿Qué quieren ver? ¿Qué hacen para que suceda lo que buscan? El sociólogo Chinoy sostenía: “Las expectativas se definen como las categorías o conceptos con los cuales piensan los hombres. Las ideas, después de todo, son las herramientas con las que organizamos e interpretamos lo que vemos, oímos y hacemos”.

Lo que vive la sociedad es lo que alguna vez vieron sus habitantes. Lo que esperaron ver, lo que buscaron realizar. Es muy fuerte entender que lo que hoy pasa es porque de alguna manera sus hacedores lo buscaron, lo quisieron así. Hay educación cuando se anhela la misma, cuando se busca la misma, cuando se quiere vivir en y con ella. A modo de ejemplo, si en las sociedades hay ciudadanos que carecen de educación, ¿es posible imaginar que se buscó que así sea? ¿Qué podemos hacer para revertir lo que hoy vemos que falta?

Chinoy decía: “La estrecha relación que existe entre el individuo y su medio social hace posible explicar algunos aspectos de la conducta humana”. Los indicadores de violencia, en sus innumerables manifestaciones, son alarmantes. Es imperiosa la participación positiva en nuestros entornos, todos podemos aportar algo que genere conciencia de sociedad. Si hay educación hay convivencia constructiva, espíritu de valoración hacia el otro. ¿Qué sociedad miramos hacia el futuro, qué vemos en el horizonte? Las buenas ideas, que viven entre quienes las comparten, pueden producir grandes contribuciones en sus lugares vinculantes. La sociedad requiere de ciudadanos dispuestos a unirse para pensar y hacer que lo que buscan se cumpla y lo puedan vivir junto a los demás.

abril 03, 2019 en La mirada de un lider
La fuerza del liderazgo 0

La fuerza del liderazgo

Nace una y otra vez. Así se manifiesta en la vida de las personas, en los grupos sociales, en cada tierra en donde habitan los seres humanos. Su ímpetu muestra su naturaleza. Hay algo que la hace distinguirse. Se muestra cuando la utilizan. Se pueden descubrir sus efectos y se ven una vez que se hace presente.

La fuerza nace una y otra vez. La fuerza irradia energía. La fuerza requerida para vivir. La fuerza para empujar con los otros cuando es indispensable hacerlo. La fuerza que contagia lo positivo que destila. La fuerza para llegar a la meta. La fuerza para empezar cada día. La fuerza para hacer más de lo que nos hemos propuesto.

Para tener fuerza hay que alimentarse. Parece básico pero, ¿de dónde sacamos fuerzas? Es probable que existan tantas dosis que siembran fuerzas como personas que pisan la tierra. Todos tienen fuerzas, hay que encontrarlas, cuidarlas y cultivarlas. El liderazgo se vive cuando las fuerzas positivas se expanden hacia los demás. La fuerza se alimenta de las bondades que cada uno posee. Todos tienen cualidades que enriquecen la vida personal y que lucen su esplendor si son utilizadas con humildad y responsabilidad. La fuerza necesita de equilibrios. Por eso las virtudes se transforman en alimentos cotidianos.

Cuando los líderes transmiten su fuerza constructiva viven en plenitud lo que por una u otra razón están haciendo, lo que en el presente está en sus vidas. El ánimo necesita fuerza. Fuerza para concretar con hechos lo que es deseado por las ideas. Fuerza para continuar lo iniciado alguna vez y que con el paso del tiempo puede correr el riesgo de perder el interés fundador. Si los líderes pierden fuerzas el entorno también las pierde. Es una consecuencia natural. Cuando se ha perdido se aprende y mucho. Esas pérdidas se transforman y con el devenir de la vida sirven para los estímulos cruciales ante nuevas vivencias. Se constituyen en usinas de energía para comenzar, para saber lo que es perseverar, para comprender que hay veces que lo que parece una pérdida es una victoria. El ser humano vive un universo de experiencias, en todas la fuerza radica en el Alma.

La fuerza que persevera moviliza a las personas para vivir sus creencias. Hay resultados que llegan cuando parecía que el último aliento estaba presente. Ellos son testimonio de que no hay que dudar en llegar a lo que se cree que es el límite. Siempre hay un metro más, un hecho más, una posibilidad más, un día más, una lección más, un triunfo más. La fuerza lo permite, cuando ella está siempre es posible.

Las resignaciones aparecen cuando se pierde la fuerza o cuando se renueva, todo depende de su interpretación, del caso específico y de lo que está sucediendo. Para liderar hay que saber resignar. En incontables situaciones quienes han resignado se han fortalecido.

Hay manifestaciones que representan a la fuerza, tales como decidir no agredir al que agredió o el que permite que se termine de hablar para poder contestar o cuando se pregunta para de esa manera entender lo que pasa o cuando se decide llamarse al silencio antes de opinar. La fuerza vive en miles de ejemplos. Cada uno la sabrá encontrar.

La fuerza es interior. Está en el interior de cada persona, en la intimidad de cada equipo, en la cultura de un pueblo. Esa fuerza interior ayuda a crecer, a resistir, a colaborar, a pensar en lo valioso. Esa fuerza interior vive en el afecto.

diciembre 07, 2018 en La mirada de un lider
Liderazgo evolutivo 0

Liderazgo evolutivo

Erik Homberger Erikson, (Fráncfort 1902- Massachusetts 1994), se graduó en el Instituto Psicoanalítico de Viena y enseñó en varias universidades norteamericanas, entre ellas la Universidad de Harvard, donde fue profesor de Desarrollo Humano y conferencista de la Escuela Médica.

De la psicología evolutiva de Erikson tiene mucho por aprender el liderazgo. Nada para, todo fluye. Va y va. Avanza y cuando hay algún retroceso se activan los motores para volver a continuar. Las lecciones de la vida son constantes. Decía el maestro Erik: “La personalidad no queda determinada en la infancia sino que se abre en un proceso de maduración hasta la vejez”. El ser humano se nutre en todo tiempo, cada etapa está repleta de vivencias. Según el diccionario de la Real Academia Española proceso describe “la acción de avanzar, de ir para adelante, al paso del tiempo y al conjunto de etapas sucesivas…”. El tiempo nos ayuda a ir hacia el frente, caminamos en esa dirección. Maduramos en el andar, somos esencialmente personalidades que se cultivan.

Erikson consideraba que: “El hombre se desarrolla en un mundo abierto, a través de una red siempre más compleja de relaciones humanas”. El ser que somos se realiza entre los otros, vive su plenitud junto a los otros, acompaña a los otros, crece con los otros, aprende a llorar y a reír al lado de los otros.

“El Yo del hombre nace y crece en una relación”, sostenía el psicólogo. Los vínculos siembran la vida y con su manto cobijan el hoy. “Como condición indispensable para el éxito del desarrollo del hombre se requiere que dicha relación posea una cualidad positiva”, sentenciaba Erikson. Siempre lo positivo ha tenido un rol preponderante en la vida de las personas. Estudiosas y estudiosos como Erikson le han dado un valor trascendental, lo positivo produce grandes resultados. El desarrollo está unido a lo positivo, lo maduro también. Van de la mano, crecen juntos. Viven el proceso como algo natural, vigoroso, radiante.

Son los otros los que sostienen la vida de los líderes. La personalidad de quienes lideran vibra en cada relación, en cada encuentro con los demás. Los líderes se transforman en un eslabón dentro del conjunto de relaciones. Se multiplican al practicar el nosotros, al crear una red de vínculos positivos. Al ser uno más que empuja hacia adelante, que vive el proceso como una oportunidad de seguir madurando.

Lo propio, lo distintivo, lo característico de los atributos valiosos que le dan solidez a la personalidad de cada ser, se pone al servicio del equipo que formamos, del grupo que somos, del trabajo en conjunto que hacemos, del barrio en el que vivimos, de la sociedad a la que pertenecemos.

Por otra parte, Erikson manifestaba: “Una mala relación produce actitudes básicas negativas: desconfianza, vergüenza, duda, falta de iniciativa, inferioridad, falta de identidad, aislamiento, falta de creatividad y por fin desintegración del Yo”. La profundidad del mensaje escrito por el profesor siempre llamará a la reflexión de quienes lo lean.

Quizás en este tiempo podemos preguntarnos qué estamos haciendo, como personas y como sociedad,  para vivir relaciones constructivas y qué más estamos dispuestos a hacer para seguir desarrollando el proceso de maduración del cual hablaba Erikson.

octubre 26, 2018 en La mirada de un lider
Creer para liderar 0

Creer para liderar

Todos podemos vivirlas. Sus prácticas pueden transformar cualquier episodio cuando están presentes. Los grupos humanos que las vivencian tienden a realizar sus propósitos. Las sociedades que las pregonan están expuestas a importantes conquistas. Cuando las personas las utilizan fortalecen las relaciones que viven. Conjugar requiere hechos, movimientos, acciones que le den gloria al verbo creer.

Al liderar hay que creer. Creo en nuestro país. Creo en la patria grande. Creo en la tierra profunda. Creo en nuestra gente. Creo en nuestro equipo. Creo en nuestro proyecto. Creo en quienes están dirigiendo tal o cual institución. Creo en el trabajo que hago, creo en lo que hacemos, creo en lo que hacen. Creer, hay que creer para avanzar. Sin lugar a dudas, si no creo estoy perdido. Si no creemos estamos perdidos, antes de empezar, así es. Lo contundente de esa afirmación no debe caer como una idea cargada de soberbia, no, por favor, todo lo contrario, si no creemos estamos mal. ¿Cómo se puede influir de forma valiosa si no se cree en lo que se hace o en quienes lo hacen?

Al liderar el verbo creer se transforma en una piedra angular. La contundencia de los resultados está íntimamente relacionada a las creencias que los movilizan. Si creemos en nuestros valores debemos estimularnos para que los mismos sean nuestras conexiones. Cuando se cree las emociones positivas surgen de forma natural. Las personas cuando creen abren un universo de posibilidades para desarrollar sus actividades. Si el equipo cree en su esencia es viable llegar a los grandes objetivos.

El liderazgo se nutre de las creencias. Honestidad, autenticidad, veracidad y transparencia son compañeras inseparables de las creencias. Son alimentos necesarios del creer. Podemos creer ser los mejores pero podemos correr el riesgo de auto engañarnos y crear con palabras lo que en los hechos no se ve. Eduardo Galeano, en “El libro de los abrazos” escribe: “Se considera culto a quien bien oculta, se rinde culto a la cultura del disfraz. Se habla el doble lenguaje de los artistas del disimulo. Doble lenguaje, doble contabilidad, doble moral: una moral para decir, otra moral para hacer. La moral para hacer se llama realismo”.

Creer implica hacer. Los líderes creen que siempre hay razones para creer que el crecimiento no tiene límites. Cuando el conformismo aparece las creencias comienzan a extinguirse.

Las personas líderes alimentan las creencias positivas y comparten lo que creen. Lo transmiten convencidos del significado que representa. El valor de una creencia equivale a la importancia que se le da a la misma. Si los líderes creen en su país les importa su país y desde sus trabajos muestran el poder de esa creencia. ¿Cuáles son las creencias que vivimos como ciudadanos? ¿Qué creencias transmitimos con hechos hacia el mundo?

La cultura de creencias colectivas, que sean un testimonio de respeto, admiración y confianza en el otro y hacia el otro, forjará sociedades capaces de crear escenarios favorables para todos sus habitantes.

septiembre 25, 2018 en La mirada de un lider
La unión de líderes 0

La unión de líderes

Cuando nos unimos las cosas salen mejor. La unión de quienes asumen desafíos es determinante desde el inicio hasta el final. Aglutinar voluntades, eso hacen los líderes. Unen voluntades, acercan sueños compartidos, vibran desde el comienzo. Las iniciativas unidas superan cualquier parámetro de medición. Cuando los seres humanos empujan juntos, se fortalecen todos. El hacer colectivo multiplica las posibilidades de triunfar; desde el trabajo grupal surgen nuevas vertientes para desarrollar, para sostener lo iniciado. El aporte de uno se transforma en el de todos. Los comienzos se multiplican cotidianamente. Desplazarnos juntos impone ritmo, entusiasmo y sentido de unidad. El sólo hecho de estar juntos no es sinónimo de unidad. Se vive la misma cuando hay honestidad, compromiso y pasión por la causa que los convoca.

Al empezar cohesionados aquello por realizar resulta factible, se lleva adelante de forma natural. Sale con simpleza. Lo que se entabla con transparencia une a los que apuestan por vivirlo. La seguridad del paso inicial genera ánimo y evolución. El principio pide adhesiones que se atrevan a recorrer con optimismo todo lo que vendrá. En ese transcurrir puede suceder que lo adverso haga su aparición y ahí la fusión de energías positivas retrucará con mayor fuerza. Quienes lideran saben que la fortaleza de la unión resiste cualquier tentación destructiva. No es posible liderar cuando se quiere disgregar; tampoco cuando se pretenden desnaturalizar los fines que motivaron la vinculación de los involucrados.

El origen del liderazgo reside en la unión de las personas. La articulación de pareceres y de labores se amalgama cuando cada integrante constantemente pregona unidad. En el recorrido la coherencia une. Lo realizado es lo que visibiliza la unidad pregonada. Es importante hablar de unidad, más aún lo es vivirla.

Si quienes lideran deciden construir en todo momento espacios de unidad, el desarrollo de las sociedades que habitan sucederá de forma proporcional. Las mujeres y los hombres líderes fomentan la unidad más allá de la diversidad de criterios que en sus entornos pueda existir. Se encargan del engranaje constructor de crecimiento. Parten de la idea de que todos los presentes tienen algo por dar o para colaborar; siempre pueden rescatar lo valioso del otro. Logran unir personas que quieren entregar sus saberes, sus experiencias, sus ganas.

Los resultados que produce la unión siempre son aleccionadores, inspiradores de nuevos emprendimientos. La finalización de una etapa que conoció la unidad de sus hacedores queda como cimiento para elaborar proyectos por vivir.

Crear unidad, vivir en unidad y hacer que ella esté presente, a pesar de los obstáculos que puedan aparecer, son tareas de quienes son líderes. Si hay unidad hay fortaleza personal y social entre quienes la viven.

agosto 14, 2018 en La mirada de un lider
Un estilo de liderazgo 0

Un estilo de liderazgo

Los latidos sociales creen en la intuición. El maestro Paco de Lucía, compositor y guitarrista español de flamenco -un estilo de música y danza que se originó en España allá por el siglo XVIII-, también creía en ella, era un testimonio de la misma, inculcaba la importancia de valorarla. Del flamenco el liderazgo tiene mucho que aprender. El arte expresado por Paco de Lucía se constituirá para las generaciones futuras en una de las fuentes de enseñanzas. Durante su vida le realizaron numerosas entrevistas y lo que decía vivía en su guitarra.

La leyenda eterna del flamenco disfrutaba de su música, amaba lo que hacía, su vínculo con el instrumento creaba un imán poderoso, creador, multiplicador de emociones, de sentimientos. Pensaba que el flamenco está en el interior de cada persona. Así viven quienes deciden ser líderes, disfrutan de lo que hacen y generan relaciones victoriosas con lo que realizan y con quienes están. Piensan que el liderazgo está en el interior de cada persona.

Al estudio hay que agregarle corazón, a la técnica hay que inyectarle corazón, a todo hay que ponerle corazón. El artista recomendaba no intelectualizar la música, sí vivirla, gozarla, respetarla desde su esencia. El desarrollo de las sociedades surge cuando sus líderes viven intensamente sus quehaceres, gozan dando sus energías y respetando los principios colectivos.

El conocimiento del instrumento evidenciaba la pasión que tenía el músico, esa pasión vibrará siempre, su legado musical es muy grande. Los líderes cuando conocen a la gente pueden crear en conjunto las mejores obras. El liderazgo se vive junto a los demás, no hay otra forma; a mejor interacción mayor posibilidad de lograr eficacia. Al convivir socialmente se conocen las voluntades que vibran por alcanzar acciones que dejen un legado valioso en sus espacios.

Paco de Lucía fue universal amando y difundiendo su música, su origen. Dejó su andar con un sello propio. Cuando se lidera se lleva en esa acción toda la matriz de quien la ejerce, eso hace que cada ser líder sea único, auténtico, genuino. En cada líder está representado el origen, su terruño, su cultura, su entraña social. ¡Cuánto compromiso interior implica sentir esa representatividad!

El artista cuando tocaba transmitía sus emociones y al liderar también se transmiten emociones. Creía en la espontaneidad que podía generar haciendo música y lo espontáneo fortalece al liderazgo. Paco de Lucía hablaba de las sorpresas que encontraba haciendo música y en la vida de los líderes las sorpresas son cotidianas. Ahí la intuición ocupaba un espacio importante para el músico, también es vital en la vida de los líderes.

La leyenda pensaba que pureza y libertad eran una sola, y focalizaba todo en el corazón. Los líderes unen su corazón al ejercicio de sus actividades. Sus latidos indican su pureza.

La música junto al liderazgo. Todo está unido. Lo social constituye un engranaje grande, interconectado, abierto, capaz de generar grandes conquistas. Donde hay un músico hay un líder. Donde hay personas que le ponen el corazón a lo que hacen hay líderes.

junio 06, 2018 en La mirada de un lider
Liderazgo social 0

Liderazgo social

Lo que otros piensan también existe. Las ideas de otros también existen. Los actos realizados por otros también existen. Los líderes entienden que la trilogía, compuesta por pensamientos, ideas y hechos, vive en todas las personas. Su negación no es viable, hay otros, existen otros. La exposición de esa existencia es palpable en este tiempo de una u otra forma. Esto no favorece a los que mienten, a los que manipulan, a los que les resulta fácil hablar y difícil hacer conforme a lo dicho. El liderazgo se vivencia sin trabas, sin escondites, sin temores a que se muestre o se vea lo que se hace. La comunicación fluye por innumerables carriles y quienes realizan acciones de liderazgo son visibles ante los ojos de los demás. Nace el liderazgo social, el que construye la gente sin proponérselo dado que participa porque siente una profunda necesidad de hacer desde lo positivo en su ambiente.

Hace poco tiempo era impensado que podíamos estar en contacto permanente con personas que habitan en tierras lejanas a la nuestra, hoy eso es algo cotidiano a través de las redes sociales. Este hecho crea otra forma de pensar, de investigar, de participar, de opinar, de influir, de estar con otros. La influencia de lo social crea nuevos vínculos, nuevas expresiones, nuevos compromisos, nuevos movimientos, todo está cambiando; hay que entender que estamos viviendo en un mundo en constante transformación. El relacionamiento entre ciudadanos del mundo facilita la visibilidad de aquellos que ejercen funciones que impactan en la vida de los demás. Las imágenes pueden mostrar y decir más que las palabras, los gestos hablan por sí solos, basta saber observar.

El derecho de expresar lo que uno piensa, y de estar junto a otros para decir lo que cada uno cree sobre un tema social determinado o sobre varios asuntos que son de interés comunitario, vitaliza y dinamiza la esencia del convivir. La madurez de la palabra se concretiza cuando la misma valora al otro, al ser vital del otro, a su existencia, a su participación, a sus ganas de expresarse. El agravio no tiene cabida en la vida de quienes son líderes, la violencia en todas sus manifestaciones es una penosa acción de aquellos que han decidido dividir en vez de unir. La soberbia tiene muchas maneras de presentarse, una de ellas es negando a raja tabla las posibilidades diferentes a las que uno pregona.

La existencia de opiniones distintas invita a dialogar a las personas líderes, no a enfrentarse. Los líderes pueden transmitir serenidad, concordia, tranquilidad, entendimiento, vitalidad, dinamismo y unidad. Lo pueden hacer en todo momento. El respeto a la existencia del otro nace en cada contacto. La influencia que se transmite desde el respeto es vital ante la existencia de un mundo multicultural que necesita de todos.

La inteligencia social crece al ritmo de la participación social, así seremos testigos de la multiplicación del liderazgo de masas sin nombres específicos pero con valiosas propuestas para construir. Los ciudadanos pueden construir espacios valiosos para crear los mejores escenarios colectivos, que fomenten un devenir libre y pujante, creador y transformador.

abril 23, 2018 en La mirada de un lider
Una elección de líderes 0

Una elección de líderes

Es brillante lo meditado. Aquello que lo requiere siempre permite conclusiones favorables. ¿Puede una sociedad meditar lo que está viviendo? Los espacios los construyen las personas y de ellas nacen los grupos, conforme los intereses, las experiencias y las particularidades de los mismos. Todos los ambientes de trabajo requieren pensar en profundidad. Los líderes que así lo hacen, no necesitan decir que lo son, sus hechos lo demuestran. También los grupos que lideran desarrollan bases fuertes, sostenibles en el tiempo. Cuando se medita se especula sobre una actividad o un hecho que sucedió, pasa o puede acontecer. La acción de pensar exige tiempo, valoración y decisiones. No se limita al plano de lo abstracto, nace en él aunque fluye hacia la vida. Cada ciudadano es relevante para la comunidad y tiene capacidad para analizar y reflexionar desde el plano individual su inserción en lo social.

Al ahondar en lo profundo se corren riesgos de descubrir lo absurdo, lo que existe y podría no existir, dada su poca importancia, aunque haya invadido la mente de quienes no pueden especular a favor de lo que podrían haber hecho y no han hecho. Al final de lo realizado o de lo dejado, para vaya saber qué otro tiempo, pueden encontrarse con un profundo dolor o quizás con mucha alegría. Albert Camus, en su obra “El mito de Sísifo”, escribió “Comenzar a pensar es comenzar a estar minado”. “Vivir, naturalmente, nunca es fácil. Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia, por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre”. “Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar”.

Las personas líderes están minadas de pensamientos constructivos. Como uno de los tantos ejemplos que existen se puede citar a los testimonios de los atletas que compiten dentro de sus disciplinas. Hay que creer en la diferencia que marcan quienes han minado sus vidas a través de la acción de meditar detenidamente en cada sueño que se han propuesto. Sus logros deportivos sirven de inspiración a innumerables niños y jóvenes que practican esos juegos. Cuando se descubre el valor del esfuerzo aquello que parecía que nunca es fácil se transforma en una usina cargada de energía que vigoriza la vida. Ellos viven vigorizados y contagian ese vigor.

Necesitamos pensar en qué sociedad queremos vivir. Pensar para poder hacer lo que queremos vivir como habitantes de un país que necesita de todos. Camus, en el libro citado, dijo: “Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo que dicen conscientemente. Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el que vuelven a encontrar su clima. Hay un universo de la envidia, de la ambición, del egoísmo o de la generosidad”.

Comenzar a especular para hacer y dejar algo bueno; para en este breve transitar ponerle vigor a todo, hoy y mañana y también los próximos hoy y mañana. Seguir haciendo para seguir mejorando, es uno de los tantos principios que reina en el pensamiento de los líderes. Las grandes obras comienzan con grandes pensamientos que fundamentan lo espléndido. Especular para bien, para un obrar bien hecho, productivo, satisfactorio para el conjunto social. Elegir liderar para que la pasión de las personas ilumine y genere esplendor en sus ambientes sociales. ¡Es posible una sociedad espléndida!

 

marzo 20, 2018 en La mirada de un lider
Apetito de líderes 0

Apetito de líderes

Todos podemos aprender. La vida es un constante aprender para aquellos que así la creen posible. Para llegar a las más altas cimas hay que estar dispuesto a aprender. Una vez ahí hay que entender que se puede seguir aprendiendo. Es inagotable el aprender. La o el CEO (Chief Executive Officer o Gerente General  o Director, según la costumbre utilizada dentro de las empresas) necesita aprender para continuar creciendo. También los presidentes de las naciones y las demás autoridades de las mismas; como cada ciudadano que las habita, haciendo sus respectivas actividades. El afán de aprender no necesita de cargos, de ni títulos honoríficos, sí pide apetito de curiosidad por lo que engrandece la vida. El ser humano está llamado a aprender. En el liderazgo aprender es un verbo que estimula a todos los que lo viven. Se vive el liderazgo si hay voluntad para aprender. A los líderes los moviliza el hecho de aprender. Se enciende el liderazgo cuando se encienden las mentes que descubren nuevos saberes.

Las personas líderes entienden que lo aprendido debe ser útil a la comunidad. Aprender para entregar ese saber a otros, para convivir de esa forma con los demás. Cuando los líderes aprenden tienen plena conciencia que podrán utilizar esos conocimientos para que sus entornos crezcan. Cuando los líderes aprenden la sociedad se beneficia. ¿Es posible la existencia de sequías sociales si hay líderes preparados? ¿Ante la presencia de condicionantes que podrían impedir la hidratación social, qué hacen los líderes que han aprendido y siguen aprendiendo?

El doctor Viktor Frankl, psiquiatra y escritor, en el apéndice de su obra “El hombre en busca de sentido”, enseña que: “No se trata de liberarse de los condicionamientos (biológicos, psíquicos, sociológicos), se trata de adoptar una postura personal frente a esos condicionamientos”. ¿Pueden los líderes de un país dejarse vencer por algún obstáculo que está limitando o que puede limitar las posibilidades de crecimiento del conjunto social?

Frankl escribe: “El hombre no está absolutamente condicionado y determinado; al contrario, es él quien decide si cede ante determinadas circunstancias o si resiste frente a ellas”. Hay sectores sociales que crecen y otros no, ¿por qué sucede eso?, ¿qué hacen los líderes de un espacio y qué hacen los líderes del otro? Mirar, hablar, escuchar, entender, comprender, preguntar, transmitir, explicar, enseñar, acompañar, estar, vincular, creer, todo pueden hacer juntos, unos y otros, no comparar para desvirtuar o perjudicar, sí comparar para poder lograr crecer como los otros lo han podido hacer, cada uno a su manera, en su tiempo, con y desde las particularidades de su ambiente social. Todos los componentes de la sociedad pueden crecer, pueden aprender las maneras de hacerlo. Cuando las personas colaboran encuentran el aprender en ese acto. La cooperación, la solidaridad, la ayuda mutua son escuelas en donde se aprende a liderar. Si unos líderes socializan con otros líderes y pueden aprender de sus experiencias, la sociedad puede aprender de sus ejemplos.

Dice Frankl en el libro citado anteriormente: “El hombre no se limita a existir, sino que decide cómo será su existencia, en qué se convertirá en el minuto siguiente”. Vivimos en la sociedad que construimos y compartimos con otros, no puede limitarse el aprender a crear sólo un crecimiento personal, debe expandirse socialmente. El aporte de cada uno desde su saber hacer, constituye la base del saber ser social.

diciembre 07, 2017 en La mirada de un lider

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